Dejar de compensar
¿Profesionalidad o emocionalidad?
Trabajas mucho.
Vas cansada.
¿Te suena?
Quizás no es que estés trabajando demasiado. O que el negocio no esté bien diseñado.
Hay otro escenario del que hablamos poco: el desgaste por intentar gustar.
Es una versión estilosa de inseguridad, sutil, sin victimización. Además, es típica de mujeres muy potentes y profesionales, porque no se nota fragilidad.
¿Te viene alguien a la mente cuando te lo cuento? Jajajaj (Risa nerviosa, porque he estado allí).
La compensación emocional se da cuando:
Preparas todo tres veces “por si acaso”.
Te anticipas a cualquier objeción antes de que exista.
Te vuelves hipercorrecta en tus mails.
Suavizas (tono, decisiones, de todo) para que nadie se sienta desplazado.
Estás más tiempo en la mente que en el cuerpo.
¿Qué? ¿He hecho bingo? Ya te he dicho que me sonaba esta súper profesional que, por muy buena que parezca, en el fondo está buscando aprobación.
Y eso es horrible, a nivel de cansancio, de autoestima e incluso para tu autoridad.
Estás intentando gustar mientras lideras. Y liderar no es gustar.
Tu modelo no puede construirse para gustar, para no incomodar, para ser impecable… Porque no sería sano para ti, ni rentable siv intentas gustar a todos, ni tendría carisma, ni alma.
No es un tema de productividad, es de estar escondiéndote constantemente. Tóxico y agotador.
Porque un negocio que nace para gustar nunca podrá destacar.
¿Te fijas?
Vuelve a ser tú, también cuando emprendes.
Sigue leyendo, porque lo de hoy es gordo.



